Egresados en Tierra del Fuego hicieron vibrar la Marcha de las Malvinas en un boliche

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El video viralizado muestra a un grupo de egresados saltando, abrazándose y cantando con fervor la Marcha de las Malvinas en un boliche de Río Grande. Mientras las redes lo celebran como un gesto de identidad y amor por el país, la vicepresidenta Villarruel lo aprovechó para capitalizar el sentimiento patriótico en medio de las políticas de desmalvinización del gobierno libertario.

La escena dura apenas 31 segundos, pero condensó algo que la gestión de Javier Milei parece haber olvidado: la emoción colectiva por lo propio. En una provincia donde Malvinas se siente como parte de la vida cotidiana, los jóvenes de la Promo 2025 transformaron una fiesta en una declaración política espontánea. La viralización del video reabrió el debate sobre la soberanía, la memoria y la contradicción entre el discurso libertario y el sentimiento popular.

En una noche cualquiera de Río Grande, Tierra del Fuego, un grupo de estudiantes de la Promo 2025 terminó protagonizando uno de los momentos más comentados de las últimas horas en redes sociales. En plena fiesta de egresados, el DJ Diego Andrade, conocido en TikTok como @mache7e, interrumpió el reggaetón y puso la Marcha de las Malvinas. Lo que siguió fue una explosión de emoción: abrazos, saltos, banderas agitadas y un grito unánime que retumbó entre luces estroboscópicas. El video, de apenas 31 segundos, fue compartido por @DataDiario y ya suma miles de reproducciones y comentarios.

El hecho no pasó desapercibido. En una provincia donde la causa Malvinas no se vive como un recuerdo sino como una identidad diaria —la marcha es himno provincial y cada 2 de abril se realiza una vigilia masiva—, el gesto de estos jóvenes tiene un peso simbólico enorme. Tierra del Fuego no solo es el punto más cercano a las islas; es también el lugar donde la memoria se enseña en las escuelas, se canta en los actos y se transmite de generación en generación. Por eso, lo que para otros podría ser una curiosidad viral, para los fueguinos fue una reafirmación de pertenencia.



El propio Andrade lo explicó en declaraciones al diario El Sureño: “Acá en Tierra del Fuego vivimos Malvinas todos los días. No hay que recordarlos solo el 2 de abril”. Lo que parecía una ocurrencia musical se transformó en un símbolo de resistencia cultural, de esos que surgen sin estrategia ni consignas partidarias, pero que dicen más que cualquier discurso.

El entusiasmo popular contrastó con las reacciones políticas. La vicepresidenta Victoria Villarruel fue una de las primeras en subir al tren de la viralización. “¡Qué hermoso verlos cantar nuestra Marcha de Malvinas con tanta pasión y alegría! ¡Felicitaciones a la Promoción 2025 de Río Grande… y al DJ Diego Andrade por llevar Malvinas en el corazón!”, publicó en su cuenta de X, acumulando miles de “me gusta”. Pero su mensaje no fue inocente: llegó en medio de crecientes cuestionamientos al gobierno de Javier Milei por la entrega de tierras estratégicas a intereses extranjeros y la reducción del presupuesto de defensa nacional.

Mientras Villarruel se mostraba emocionada, el propio gobierno que integra mantiene silencio frente a la instalación de bases británicas en el Atlántico Sur, el avance de compañías mineras en áreas de soberanía disputada y los recortes al Instituto Geográfico Nacional. Esa doble moral quedó expuesta con crudeza: celebrar la pasión juvenil por Malvinas mientras se desmantelan las políticas de Estado que la sostienen.

Las redes sociales hicieron el resto. El video fue replicado por medios nacionales como Telefe Noticias, La Capital y Clarín, y por cuentas influyentes como @elcancillercom y @ClaudiFerreira_, que destacaron el fervor de los jóvenes. Algunos usuarios, sin embargo, señalaron la paradoja: “Estos pibes entienden más de soberanía que todo el gabinete libertario junto”, escribió uno de los comentarios más compartidos.

Lo cierto es que, más allá de la coyuntura política, el episodio reveló algo que el actual oficialismo no logra comprender: la identidad no se decreta, se vive. En un país golpeado por la crisis económica, la inflación y el desmantelamiento de derechos, ver a un grupo de adolescentes cantar por Malvinas fue un respiro. Una muestra de que todavía hay gestos que unen, que conmueven y que se resisten a la banalización del presente.

Resulta imposible separar la emoción del contexto. La escena tuvo lugar en la misma provincia donde el gobierno libertario impulsa acuerdos con empresas extranjeras para explotar recursos naturales y donde se discute el uso de tierras que pertenecen a excombatientes. La canción que los jóvenes entonaron con orgullo es la misma que nació como himno de resistencia frente a la usurpación. Que suene en una fiesta, y no en un acto protocolar, dice mucho sobre el país real: ese que sobrevive más allá de las políticas de ajuste y los discursos vacíos de “libertad de mercado”.

En definitiva, el episodio de la “Marcha en el boliche” fue una postal de otro tipo de soberanía: la cultural, la emocional, la que no necesita permiso ni decreto. Y si algo deja claro esta historia es que mientras el gobierno de Milei desprecia los símbolos nacionales o los usa según convenga, la juventud fueguina los mantiene vivos a su manera, con ritmo, con pogo y con una convicción que ni la inflación ni el cinismo pueden borrar.

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