De compañera de lucha a aliada del ajuste: los familiares de personas con discapacidad acusan a la candidata de La Libertad Avanza de “mercenaria” por votar contra los mismos derechos que antes defendía
La escena es elocuente y dolorosa. Un grupo de madres, padres y cuidadores de personas con discapacidad se agrupan frente a “La Casa de la Libertad”, la sede salteña de La Libertad Avanza. No hay banderas partidarias, solo carteles escritos con bronca: “Emilia, ¿dónde está tu hermana discapacitada ahora?”, “De llorar con nosotros a traicionarnos”. Las cámaras de celulares registran cada palabra, cada sollozo, cada reclamo. Detrás de esas pancartas hay años de marchas, de pedidos, de esperanzas. Y también una herida abierta: la de sentirse traicionados por quien alguna vez marchó a su lado. Esa persona es María Emilia Orozco, diputada nacional y candidata a senadora por el espacio de Javier Milei, señalada por sus antiguos compañeros de lucha como “una mercenaria que usó la causa de la discapacidad para hacer carrera política”.
El episodio ocurrió en agosto de 2025, en Salta, y no tardó en viralizarse. Los videos circularon con los hashtags #EmiliaOrozcoTraiciona y #NoAlVetoDiscapacidad, convirtiéndose en tendencia nacional. El reclamo fue directo: que la legisladora libertaria diera explicaciones por su voto a favor del veto presidencial a la Ley de Emergencia en Discapacidad, un proyecto que buscaba garantizar fondos para terapias, medicamentos y prestaciones suspendidas desde el inicio del gobierno de Milei. La ley había sido aprobada por amplísima mayoría en el Congreso, pero el Ejecutivo la bloqueó argumentando “falta de recursos” y “riesgo de abuso en la certificación de discapacidades”. Orozco, lejos de oponerse al veto, lo justificó públicamente, señalando que “esa ley no era la salida” y que “la crisis del sistema era culpa de los gobiernos anteriores”.
La reacción fue inmediata. “Hace años venía a reclamar con nosotros y lloraba. Hoy que es oficialista nos vota en contra, olvidándose incluso de su hermana discapacitada”, relató una manifestante frente a las cámaras. Esa frase, repetida hasta el cansancio en redes, sintetiza el cambio de rumbo de una figura que pasó de ser símbolo de empatía a emblema de la indiferencia libertaria.
Durante su etapa como concejal en Salta, entre 2019 y 2023, Orozco participó activamente en las marchas por los derechos de las personas con discapacidad. En 2022 se la vio abrazando a madres y terapeutas en plena protesta contra los recortes del entonces gobierno de Alberto Fernández. En aquel momento, denunció con lágrimas en los ojos que el Estado “le daba la espalda a los más vulnerables”. En cada entrevista recordaba su historia personal, la de una hermana con discapacidad que, según decía, la inspiraba a “no rendirse en la lucha por los derechos de todos”. Esa imagen sensible y comprometida la catapultó como figura local, hasta que Javier Milei la convocó para integrar la lista de La Libertad Avanza.
El giro comenzó cuando llegó al Congreso. Ya como diputada nacional, Orozco no solo respaldó las políticas de ajuste fiscal del presidente, sino que se convirtió en una de las voceras más vehementes de la “austeridad sin privilegios”. En su discurso, desaparecieron las palabras “empatía” y “discapacidad” para dar paso a conceptos como “eficiencia”, “racionalización” y “orden presupuestario”. En lugar de cuestionar los recortes, los justificó como un paso necesario hacia “un sistema más justo y transparente”. Pero los hechos la contradicen: miles de familias quedaron sin cobertura de terapias, sin medicamentos, sin transporte adaptado, y sin acompañantes terapéuticos.
El veto a la Ley de Emergencia en Discapacidad, firmado por Milei en agosto de 2025, fue la gota que rebalsó el vaso. Esa norma había sido impulsada por organizaciones y profesionales del sector luego de meses de desfinanciamiento y denuncias contra la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS). Orozco no solo apoyó el veto: defendió la decisión en medios salteños y votó en bloque con el oficialismo cuando se trató de insistir con la ley en Diputados. “No podemos seguir gastando sin control”, dijo en declaraciones radiales. Sus palabras sonaron como una burla para quienes la vieron llorar años atrás en las calles pidiendo lo contrario.
El 6 de agosto, familiares y activistas marcharon hacia la sede de LLA en Salta, conocida como “La Casa de la Libertad”. La esperaron durante horas, pero la diputada nunca salió a recibirlos. En cambio, trascendió que ese mismo día estaba grabando un spot de campaña. La indiferencia fue interpretada como una señal de desprecio. “Nos ignoró. Ella sabe quiénes somos, nos conoce por nombre. Compartió mates, abrazos, lágrimas. Y ahora ni siquiera da la cara”, contó una de las madres presentes.
El escándalo no quedó ahí. En junio del mismo año, Orozco había viajado a Israel y Dubái junto a una comitiva de doce funcionarios libertarios. El viaje fue financiado parcialmente por la Agencia Nacional de Discapacidad, bajo el pretexto de una “capacitación en accesibilidad”. Sin embargo, las escalas en hoteles de lujo y los gastos en compras personales encendieron las alarmas. En ese contexto, el periodista Juan Alonso reveló que los fondos provenían de partidas originalmente destinadas a la compra de insumos médicos y sillas de ruedas. La presencia de Orozco en ese viaje agravó las sospechas de “uso indebido de recursos públicos destinados a personas con discapacidad”.
A ese escándalo se suman otras denuncias. Según una investigación de medios locales, varios exasesores de la diputada declararon haber sido presionados para aportar entre el 5% y el 10% de sus sueldos a una “caja partidaria” de La Libertad Avanza. Además, Orozco preside la Comisión de Libertad de Expresión del Congreso, pero desde su asunción no convocó ni una sola sesión, lo que le valió críticas incluso dentro del bloque oficialista.
La combinación de silencio, privilegio y oportunismo terminó por consolidar la imagen que hoy pesa sobre ella: la de una funcionaria que usó el dolor ajeno como trampolín político. Por eso la palabra “mercenaria” aparece una y otra vez en los testimonios de quienes la acompañaron en el pasado. No es un insulto improvisado: es una acusación cargada de memoria.
Orozco, por su parte, se defiende asegurando que “la política no puede basarse en el sentimentalismo” y que busca “soluciones estructurales” para el sector. Afirma que las protestas son “operaciones de la oposición” y acusa a los medios de “explotar la discapacidad para hacer política”. Sin embargo, nunca rectificó su voto ni recibió a los familiares. Tampoco mostró pruebas de haber impulsado una alternativa legislativa que supla la ley vetada.
El caso de Emilia Orozco no es un hecho aislado. Es el reflejo de un gobierno que ha hecho del ajuste una bandera ideológica, incluso a costa de los sectores más indefensos. Desde que Milei asumió la presidencia, se acumulan denuncias por desfinanciamiento de programas sociales, recorte de pensiones, suspensión de tratamientos y cierre de centros de día. La situación de las personas con discapacidad se volvió un símbolo de la crueldad administrativa del modelo libertario. En ese contexto, la figura de Orozco concentra una doble indignación: por ser parte del ajuste y por haber traicionado una causa que alguna vez encarnó.
El impacto político del episodio en Salta fue inmediato. Diversas agrupaciones locales, desde sindicatos docentes hasta colectivos de salud, se solidarizaron con los manifestantes. Incluso dentro del propio espacio libertario hubo voces disonantes que consideraron “innecesario” su enfrentamiento con las familias. En redes, su imagen pública se desplomó: pasó de ser presentada como “la joven sensible que desafiaba al sistema” a ser descrita como “el rostro del cinismo oficialista”.
Mientras tanto, los videos de la protesta siguen circulando. En uno de ellos, una madre sostiene una foto de su hijo y grita entre lágrimas: “¡Vos prometiste que ibas a defender a los nuestros! ¡No te olvides de tu hermana!”. Esa frase, tan simple y tan devastadora, resume el drama humano detrás del cálculo político. Porque cuando la empatía se convierte en marketing, el dolor ajeno deja de ser causa y se vuelve recurso. Y en ese espejo, la historia de Emilia Orozco es el retrato más nítido de un tiempo donde la lealtad pesa menos que un voto.

















Deja una respuesta