Mientras el Presidente se aísla entre giras y retórica incendiaria, la vicepresidenta irrumpe con una furia política inusitada, reclamando cordura, austeridad y conexión con la realidad que sufren millones de argentinos. Victoria Villarruel rompe filas y le pone voz a un sector que, incluso dentro del oficialismo, está harto del estilo Milei: personalismo, gastos exorbitantes y desconexión con el hambre de la calle. En la fractura libertaria se juega algo más que una interna: la estabilidad política y el futuro inmediato de la Argentina.
Que el gobierno de Javier Milei está montado sobre una cuerda floja no es ninguna novedad. Lo que pocos esperaban era que el cimbronazo interno llegara tan pronto y con semejante virulencia, y que quien sacara la espada fuera nada menos que su propia vice, Victoria Villarruel. En apenas unas horas, y a través de redes, micrófonos y pasillos del Senado, Villarruel demolió la impostada imagen de unidad libertaria y dejó en evidencia algo que se venía mascullando en silencio: que la paciencia interna se agotó y que ni siquiera su compañera de fórmula tolera ya el andar errático, personalista y altanero del presidente.
“Que ahorre en viajes y en la SIDE”, disparó Villarruel en un dardo que perforó el blindaje retórico de Milei, quien hasta ahora navegaba sin contrapesos dentro de su propio espacio. No se trata solo de recortes de presupuesto, sino de la muestra más cruda de una tensión que, aunque Milei intente negar, ya está en carne viva. Y es que mientras el presidente convierte su agenda en una pasarela internacional —con fotos en cumbres, discursos de brocha gorda y guiños ultras a la ultraderecha global— Villarruel lo sacude con la realidad del día a día, la que huele a hambre, a cuentas impagas y a bronca social que se acumula como pólvora.
Desde el atril del Senado, la vice no dudó en defender las leyes que la Cámara Alta aprobó y que Milei había criticado con su clásico tono de cruzado antisistema. “Nadie me va a marcar la cancha”, dejó caer Villarruel, cargada de un tono que fue más que institucional: fue visceral, casi desafiante. Es el mismo temple con el que lo cruzó en redes sociales, reclamándole que se comporte como “un adulto”, que deje de revolear acusaciones de “traición” y que, sobre todo, se baje del pedestal y salga “del Palacio para ver cómo la pasa la gente”.
Y ahí está el verdadero núcleo de esta fractura libertaria. Mientras Milei sigue engolosinado con su personaje de rockstar del capitalismo salvaje, Villarruel intenta calzar los pies en la tierra. Su frase —“Que salga del palacio para ver cómo la pasa la gente”— no es solo un consejo: es un grito desesperado de sentido común en un contexto donde la inflación devora sueldos, los alquileres son un calvario y los comedores barriales no dan abasto. Hay algo de tragedia en esta grieta libertaria, porque en la pelea interna se ventilan las miserias de un gobierno que llegó prometiendo épica antisistema y está chocando de frente con el barro de la realidad.
Villarruel sabe que la furia social no se disipa con eslóganes libertarios. Y también sabe que mientras Milei siga recortando áreas sensibles como el PAMI, los subsidios al transporte o las partidas para ciencia y universidades, el costo político no lo pagará solo él, sino todo el gobierno. Por eso su intervención no es una simple pataleta: es la anticipación de una posible fractura institucional que podría dejar a Milei aislado, encerrado en su torre de marfil mientras la calle empieza a rugir.
Y es aquí donde su figura se vuelve particularmente incómoda para el Presidente. Porque Villarruel no es solo una figura decorativa: preside el Senado, maneja resortes de poder real y encarna a un sector ultraconservador que, sin embargo, está más atento a las señales de descontento popular que el propio Milei. No es menor que ella misma haya sido quien defendió las leyes aprobadas por el Senado que el Presidente quería torpedear, consciente de que vetarlas podría significar la chispa final que encienda una crisis institucional de proporciones.
Pero lo más explosivo es el tono personal que adquirió el choque. “Que se comporte como un adulto”, le espetó Villarruel a Milei. En cualquier otro contexto político argentino, sería un comentario ácido, pero no necesariamente disruptivo. En el universo libertario, sin embargo, es dinamita pura. Porque revela lo que muchos dentro del oficialismo y fuera de él sospechaban: que el Presidente es percibido como un adolescente caprichoso, obsesionado con redes, rankings y halagos, incapaz de gestionar con la templanza que exige el caos argentino.
En ese ring, Villarruel emerge como una figura que, aunque ultraconservadora y cuestionada por sus posturas sobre el terrorismo de Estado, logra conectar con una parte del electorado que votó a Milei esperando orden y racionalidad, no desborde constante ni gastos en vuelos internacionales ni funcionarios operando en la SIDE como si fuese el patio trasero de un club de amigos.
Su frase sobre ahorrar en la SIDE es, además, un misil a la discrecionalidad con que Milei está manejando fondos reservados, una caja negra que históricamente sirvió en la Argentina para espionaje interno, aprietes y operaciones mediáticas. Villarruel huele el peligro: sabe que, en medio de la crisis, esos manejos secretos pueden terminar volviéndose un boomerang y embarrar aún más a un gobierno que se llena la boca hablando de transparencia, pero cuyo hermetismo empieza a oler rancio.
Mientras tanto, Milei permanece en el juego que mejor conoce: redes sociales, slogans grandilocuentes, y la constante búsqueda de enemigos a los cuales acusar de “traidores”, sean senadores, periodistas o su propia vice. Pero lo que está en juego es demasiado serio para quedar reducido a posteos furiosos. El gobierno enfrenta una realidad en la que los salarios se pulverizan, el dólar acecha y la sociedad muestra claros signos de hartazgo. Y en ese contexto, cada palabra de Villarruel suena como el aviso de una tormenta.
Hay quienes ven en esta ruptura una simple pelea por espacios de poder, pero sería miope creer que es solo eso. Villarruel está marcando una frontera: de un lado, un presidente enredado en su personaje y sus giras internacionales; del otro, la exigencia de gestionar y dar respuestas concretas a un país que se desangra. Y aunque sus críticas puedan estar teñidas de cálculo político, lo cierto es que puso sobre la mesa las preguntas que la sociedad entera se hace: ¿Hasta cuándo va a seguir Milei gobernando por Twitter? ¿Cuánto más puede soportar la Argentina que su Presidente viva en modo show mientras la calle se llena de desesperación?
La fractura está expuesta y es un terremoto cuyas réplicas todavía no terminaron de sentirse. Lo que antes parecía imposible —que la vice se convirtiera en la voz opositora dentro del propio gobierno— hoy es una certeza brutal. El gobierno libertario llegó con la promesa de barrer con la “casta”, pero amenaza con devorarse a sí mismo. Y en esa guerra interna se juega no solo el futuro político de Milei, sino la estabilidad de un país exhausto. Porque, en definitiva, si hasta Victoria Villarruel perdió la paciencia, ¿qué esperanza queda para el resto?
Fuentes:
- https://www.perfil.com/noticias/politica/victoria-villarruel-defendio-las-leyes-que-aprobo-el-senado-y-volvio-a-cruzar-a-milei-que-ahorre-en-viajes-y-en-la-side.phtml
- https://elpais.com/argentina/2025-07-13/la-vicepresidenta-de-argentina-rompe-con-milei-que-ahorre-en-viajes-y-se-comporte-como-un-adulto.html
- https://www.pagina12.com.ar/841530-villarruel-se-despacho-contra-milei-en-las-redes-sociales
- https://www.lapoliticaonline.com/politica/villarruel-se-le-planto-a-milei-que-salga-del-palacio-para-ver-como-la-pasa-la-gente/
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