{"id":7632,"date":"2025-08-17T23:49:57","date_gmt":"2025-08-18T02:49:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.enorsai.com\/noticias\/?p=7632"},"modified":"2025-08-18T05:37:19","modified_gmt":"2025-08-18T08:37:19","slug":"saluden-a-iglesias-y-milman-que-se-van","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.enorsai.com\/noticias\/politica\/saluden-a-iglesias-y-milman-que-se-van\/","title":{"rendered":"\u00a1Saluden a Iglesias y Milman que se van!"},"content":{"rendered":"\n<p><strong><em>El final de los mandatos de Gerardo Milman y Fernando Iglesias abre una grieta de alivio en la sociedad argentina, harta de personajes que encarnaron la frivolidad, el oportunismo y la degradaci\u00f3n del debate p\u00fablic<\/em><\/strong><strong>o.<\/strong><br><br>La pol\u00edtica argentina, cada tanto, ofrece respiros que se sienten como peque\u00f1as victorias ciudadanas, aunque no provengan de elecciones directas ni de grandes transformaciones. La noticia de que Gerardo Milman y Fernando Iglesias no renovar\u00e1n sus bancas en el Congreso forma parte de esos momentos que generan un suspiro de alivio en buena parte de la sociedad. Ambos supieron convertirse, por derecho propio, en exponentes de lo que muchos argentinos consideran la cara m\u00e1s irritante de la pol\u00edtica: la arrogancia disfrazada de discurso moral, el griter\u00edo sin argumentos y la utilizaci\u00f3n del espacio p\u00fablico como escenario de provocaci\u00f3n permanente.<br><br>Milman e Iglesias, aunque diferentes en estilos, compartieron un patr\u00f3n que ya cansaba. Iglesias, con su verborragia agresiva, construy\u00f3 su lugar en la pol\u00edtica no desde la propuesta, sino desde la pelea vac\u00eda, desde esa pose de francotirador que buscaba m\u00e1s el aplauso en las redes que la construcci\u00f3n de consensos. Su paso por el Congreso estuvo marcado por discusiones est\u00e9riles, por intervenciones que parec\u00edan guionadas para el prime time televisivo m\u00e1s que para un recinto que deber\u00eda debatir leyes. No es casual que se haya convertido en una figura odiada y, al mismo tiempo, funcional al show pol\u00edtico que tanto desgasta a la democracia.<br><br>Milman, por su parte, representa un cap\u00edtulo todav\u00eda m\u00e1s turbio. Ex mano derecha de Patricia Bullrich, su nombre qued\u00f3 asociado a las peores miserias de la pol\u00edtica conspirativa. Estuvo rodeado de sospechas, de maniobras oscuras y de v\u00ednculos que nunca terminaban de aclararse. Encarn\u00f3 la pol\u00edtica de la intriga, esa que se mueve en los pasillos y en las sombras, m\u00e1s preocupada por armar operaciones medi\u00e1ticas que por legislar en beneficio de la gente. Su salida del Congreso no s\u00f3lo es un alivio para quienes jam\u00e1s vieron en \u00e9l un referente serio, sino tambi\u00e9n una oportunidad para que se cierre una etapa marcada por la sospecha permanente.<br><br>La coincidencia de ambas salidas tiene un valor simb\u00f3lico que no puede pasarse por alto. En un contexto pol\u00edtico donde el gobierno de Javier Milei empuja a la sociedad hacia un abismo de ajuste brutal, con medidas que pulverizan derechos y degradan la vida cotidiana, la salida de figuras como Iglesias y Milman se lee como un contrapeso emocional. No es que el Congreso se purifique de un d\u00eda para el otro, ni que los problemas estructurales de la representaci\u00f3n se resuelvan m\u00e1gicamente, pero al menos se abre un escenario donde dos de los mayores exponentes de la politiquer\u00eda m\u00e1s corrosiva ya no estar\u00e1n ocupando banca ni espacio institucional.<br><br>El desgaste que dejaron en la pol\u00edtica es profundo. Iglesias, siempre dispuesto a insultar, a ridiculizar y a sembrar odio, contribuy\u00f3 a corroer el debate p\u00fablico. Lo suyo nunca fue una postura ideol\u00f3gica firme, sino una pr\u00e1ctica de demolici\u00f3n constante del adversario, un deporte que termin\u00f3 vaciando de contenido las discusiones parlamentarias. Milman, en tanto, oper\u00f3 desde la trastienda, jugando al ajedrez de las sombras, mientras las denuncias y las sospechas crec\u00edan a su alrededor. Ambos, cada uno a su modo, funcionaron como engranajes de una maquinaria que desprestigi\u00f3 la pol\u00edtica hasta l\u00edmites peligrosos.<br><br>En ese sentido, la alegr\u00eda que despierta su partida no es gratuita ni exagerada. La sociedad est\u00e1 agotada de ver c\u00f3mo el Congreso, en lugar de ser un espacio de representaci\u00f3n y debate serio, se convierte en un escenario de circo. La salida de Iglesias y Milman simboliza, para muchos, la posibilidad de que ese espect\u00e1culo grotesco empiece a perder fuerza. Y aunque es cierto que nuevos personajes pueden ocupar sus lugares y que el sistema pol\u00edtico argentino suele reciclarse en la peor versi\u00f3n de s\u00ed mismo, tambi\u00e9n lo es que cada salida cuenta. Cada vez que se baja el tel\u00f3n para un actor del esc\u00e1ndalo, se abre la oportunidad de que alguien distinto, con otra impronta, tenga espacio.<br><br>No se trata de idealizar el futuro ni de creer ingenuamente que sin Iglesias y Milman el Congreso se convertir\u00e1 en un \u00e1mbito de debate elevado y respetuoso. El deterioro institucional tiene ra\u00edces m\u00e1s hondas y atraviesa a todo el arco pol\u00edtico. Pero reconocer el valor simb\u00f3lico de sus salidas es, al mismo tiempo, un ejercicio de memoria colectiva. Recordar qui\u00e9nes fueron, qu\u00e9 hicieron y por qu\u00e9 resultaban tan nocivos es una forma de advertencia: no se trata s\u00f3lo de nombres, sino de estilos, de pr\u00e1cticas y de formas de entender la pol\u00edtica que no deber\u00edan repetirse.<br><br>Lo curioso es que sus trayectorias terminan dejando m\u00e1s preguntas que respuestas. \u00bfC\u00f3mo lograron mantenerse tanto tiempo en escena personajes que aportaron tan poco a la construcci\u00f3n democr\u00e1tica? \u00bfQu\u00e9 responsabilidad tienen los partidos que los impulsaron y sostuvieron, pese al evidente rechazo social que generaban? \u00bfQu\u00e9 mecanismos de selecci\u00f3n interna permitieron que el Congreso terminara siendo refugio de estas figuras? Las preguntas quedan flotando, inc\u00f3modas, pero necesarias para no naturalizar lo que tanto da\u00f1o hizo.<br><br>Hoy, mientras Milei avanza con un modelo de ajuste que precariza, destruye la universidad p\u00fablica y somete a los trabajadores, la salida de estos dos personajes podr\u00eda parecer anecd\u00f3tica. Sin embargo, en medio de tanto retroceso, cualquier se\u00f1al que devuelva un m\u00ednimo de aire fresco es bienvenida. La pol\u00edtica argentina necesita recuperar legitimidad, credibilidad y respeto, y eso no se logra \u00fanicamente con discursos, sino tambi\u00e9n con gestos concretos como este, donde dos exponentes de lo peor que ofreci\u00f3 la representaci\u00f3n reciente finalmente quedan fuera.<br><br>Quiz\u00e1s dentro de unos a\u00f1os, cuando se repase este momento, se recuerde que en medio de una crisis profunda y bajo un gobierno que asfixiaba derechos, al menos se celebr\u00f3 la partida de dos hombres que jam\u00e1s supieron estar a la altura de las responsabilidades que ocuparon. Tal vez sea un detalle menor en la historia grande, pero en el presente inmediato funciona como un recordatorio poderoso: la pol\u00edtica no puede seguir tolerando personajes que hacen del insulto y la sospecha su principal herramienta.<br><br>La sociedad argentina, harta de los cirqueros, se permite festejar esta salida como un triunfo. Y aunque todav\u00eda quede mucho por discutir, resistir y transformar frente a un gobierno que gobierna con motosierra y desprecio, al menos hoy existe un motivo para sonre\u00edr: Milman e Iglesias ya no estar\u00e1n en el Congreso. Y esa sola noticia alcanza para darle a muchos argentinos una peque\u00f1a pero valiosa dosis de justicia simb\u00f3lica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El final de los mandatos de Gerardo Milman y Fernando Iglesias abre una grieta de alivio en la sociedad argentina, harta de personajes que encarnaron la frivolidad, el oportunismo y la degradaci\u00f3n del debate p\u00fablico. 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